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ESTRATEGIAS JUVENILES: Ser mujer en un mercado laboral competitivo

2015-01-13


Rosana, Erika, Lilian y Andrea son jóvenes que libran batalla con armas de distinto calibre. Es cierto que quien posee más formación tiene también mejores posibilidades para conseguir un empleo; pero que sea digno es un desafío para todas.

MARÍA LUISA MERCADO, COCHABAMBA
Rosana, empleo al paso Seis de la mañana. Rosana llega a la calle 25 de Mayo esquina Jordán de la ciudad de Cochabamba. Tiene la ilusión de que alguien la contratará para lavar ropa. El improvisado asiento del edificio del mercado 1 de Marzo se va llenado de más de 80 mujeres que buscan también un trabajo. En cuanto un transeúnte se detiene o camina más lento, se arma un coro de preguntas: "¿lavado?", ¿para qué está buscando?, ¿quiere limpieza?

Antes "salía" tres veces, da a entender Rosana la cantidad de contratos que conseguía al día;
"cada vez hay menos trabajo". Otro transeúnte, de nuevo el coro de voces ansiosas. El precio de Bs 10 por docena de prendas lavadas es un estándar; "pero hay personas conscientes que pagan 12".

Se podría decir que Rosana ha crecido en ese lugar. Acompañaba a su mamá desde los cuatro años. El padre era albañil; "él nos botaba o nos pegaba y los siete hermanos
(cinco mujeres y dos varones) escapábamos con mi mamá (quien había dejado su Oruro natal); veníamos al mercado a pie desde la laguna Alalay (a unas 40 cuadras de distancia)".

Ahora, con 31 años y con una familia propia, tiene que ganar al día al menos Bs 60, aunque habitualmente logra 30 y 50. Necesita alimentar a sus tres hijos de 14, 7 y 3 años. Rosana  dice que puede ganar hasta Bs 100 en un día de suerte. Pero ahora es mediodía de viernes y no ha conseguido "salir". Tendrá que intentar también el sábado.

Su esposo le enseñó a coser. Durante un tiempo le fue bien en un taller, pero ahora ese trabajo se ha puesto difícil por falta de demanda. "Necesitamos ayuda para tener trabajo. Que Evo (el presidente Evo Morales) no se fije sólo en el campo, que vea la ciudad, los barrios".

Rosana, que estudió hasta tercero de primaria, lava ropa desde los 13 años. A los 14 empezó a buscar sola a los clientes.

Las mujeres que se reúnen en la calle 25 de Mayo carecen de organización. Pero hay quienes se nombran dirigentas y piden Bs 1 ó 2 por día para hacer cartas o para ir a hablar a las autoridades. "Todo es dinero. Si quieres tener un puesto, es dinero. Si quieres empezar a trabajar, es dinero",  lamenta Rosana.

Erika, la mecánica
Erika Herbas, de 26 años, es la única mujer que estudia Mecánica Automotriz en el horario nocturno de la Fundación para la Formación y Capacitación Laboral (Infocal).

Es ingeniera industrial y recientemente renunció a su empleo en una fábrica de plásticos, donde era Jefa de Aseguramiento de Calidad y responsable del Sistema integral de Gestión. Se sumaron varios factores para su decisión. El principal fue la baja remuneración, pues percibía menos de Bs 3.000, cuando su aspiración era ganar al menos 4.000. En el trabajo tuvo vacaciones y aportó para su jubilación.

Para obtener su primer empleo, Erika empezó como pasante. Hizo un trabajo dirigido durante seis meses para la certificación ISO 9001, sistema de gestión de calidad y medio ambiente. Colaboró con su tutor, que era responsable del sistema, y ambos aprobaron una auditoria. Fue su tema de tesis. Luego la contrataron como jefa y, cuando su tutor se retiró, ella asumió también el cargo de éste.

Era una responsabilidad muy grande. La contrataron tres meses antes de la auditoría y la fábrica pudo mantener la certificación, además de renovarla al año siguiente. Ahora estudia una carrera técnica para abarcar un área más específica. La joven profesional ve que vehículos son de lo que más hay en el mundo. "Sí o sí va a haber trabajo, porque todos los propietarios necesitan mecánicos", se entusiasma. Aunque hay mecánicos "en cada esquina", no se sabe si son buenos o malos. Por necesidad, se acude a cualquiera. "Quiero
abrir una empresa mecánica accesible para el bolsillo de todos y que ofrezca buena atención, algo que se pueda certificar con un sistema de calidad, de respeto al medio ambiente y otros".

Trabajar con motores, electricidad, chapería y soldadura es una novedad para Erika, pero le
va muy bien, "Cada vez me gusta más". Por su experiencia laboral, considera que lo mejor para encontrar empleo siendo primeriza es empezar como pasante, hacerse conocer y lograr el contrato. Pero ahora mismo ella busca trabajo y se topa con que la mayor demanda no es para técnicos, sino para personal de ventas, contadores y auditores.

Lili, gastrónoma y empresaria
Que la persona dé un bocado y sonría es lo que más la satisface. "Eso me motivó a estudiar gastronomía", cuenta Lili Ferrufino Tumiri, profesional de 33 años.

Docente de gastronomía en Cochabamba y La Paz, enseña en Infocal, institución en la que se formó como técnica en el rubro de la comida. Es además ingeniera comercial y tiene un instituto propio en Quillacollo. "Mi desafío es que los estudiantes aprendan mucho más y se arriesguen a salir al mercado".

Ferrufino presta servicios de catering y ha montado varios restaurantes que luego ha vendido. "El trabajo es duro, pero con perseverancia todo se puede", es su filosofía. Por eso ella está en permanente capacitación. Estudió en México, Chile y Perú. Piensa retornar a México para culminar la licenciatura o especializarse en cocina de ese país.

"Garra es lo que necesitas para trabajar en este medio", afirma quien halla que el campo de la gastronomía es interesante, satisfactorio y hasta lucrativo: "Todo el mundo come, todo el mundo paga por comer". La joven calcula que la inversión en los insumos debe ser de 50% a 60%; el saldo, pura utilidad. Claro que el sueldo en el sector, para quienes empiezan, es mínimo y pocos acceden a empleos estables y bien remunerados. Cuando Lili empezó la carrera tenía 50 compañeros y compañeras. El segundo semestre, el número de estudiantes había bajado a 40 y los que terminaron la carrera y la ejercen son tres.

Andrea, la educadora parvularia
Andrea Claure tiene 22 años y trabaja en un centro infantil de Cochabamba. Percibe un salario digno, le corresponde el doble aguinaldo, cuenta con seguro y aporta a la administradora de fondos de pensiones para su jubilación. Desde el segundo semestre de la carrera de Educación Parvularia realizó prácticas institucionales y encontró trabajo un año antes de terminar sus estudios.

Egresó hace dos años, pero con su voluntariado y pasantías ya tiene tres de experiencia laboral. Su caso es excepcional si se compara con lo difícil que es para algunas de sus compañeras, varias de las cuales no terminaron siquiera de estudiar. "Se necesita harta dedicación para encontrar trabajo".

Por las tardes cursa un diplomado en la Universidad Privada Boliviana. Su meta es ser propietaria de un centro integrado para niños, niñas, incluidos los especiales, y para el futuro más lejano piensa en un geriátrico.

"La capacitación es esencial, ya que si estudias sabes lo que estás haciendo", señala. "Soy feliz porque hago lo que me encanta".

Las madres jóvenes buscan capacitarse

El 15% de participantes en Cochabamba del programa "Mi primer empleo" son madres. Ellas empezaron los cursos entre julio y agosto y acabarán en marzo o abril de 2015. Forman parte de un grupo de 150 jóvenes de 18 a 24 años que se capacitan en confección industrial (47, 16 de las cuales son madres), construcción (2), gastronomía (99) y metalmecánica (2).
El programa dedica tres a cuatro meses a la capacitación, tres meses a prácticas y uno a la validación de competencias.

Al término del programa, los participantes recibirán el título de técnico medio, aprobado por el Viceministerio de Educación Técnica y Especial, subraya Alberto Arauz, responsable departamental del programa Mi primer empleo.

Se busca la inserción laboral en el área productiva más que en servicios y sectores donde hay alta demanda laboral.

El 56% de las personas inscritas en el programa son mujeres y reciben beca completa de los costos de estudio del instituto, materiales e insumos, ropa de trabajo, materiales, además del estipendio de Bs 22 por día que asisten a clases.
 

 

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