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Crónica sobre la verdadera historia que vive la gente en los bloqueos Bolivianos

2015-01-27


Era Agosto de 2011, justo cuando se aproximaban los días más fríos del año en la ciudad de Tarija. La señora Raquel Sussi Colpari Ibáñez, de 45 años de edad, una mujer seria, de estatura mediana, tez canela y llena de pecas, ojos y cabellos castaño oscuro,  estaba a punto de emprender un viaje a la ciudad de Oruro para comprar mercadería y así surtir su tienda de chocolates y regalos en general.

Tras haber comprado su pasaje en flota, regresó insegura a su hogar, ya que los departamentos de Oruro y Potosí estaban en crisis por problemas territoriales y la situación cada vez empeoraba más, tomó su teléfono celular y llamó a su hermana Cristina, la cual se encontraba en La Paz, para decirle que la espere en su lugar de destino y así ayudarla con sus compras.

La flota salió como de costumbre, a las 17:00 horas de la tarde, sin novedades, pasaron Iscayachi, luego Villa Becia y después por Camargo, el día estaba bonito, no hacía frío o calor, el paisaje que Raquel observaba por la ventana estaba cubierto por un césped seco y los árboles no tenían hojas. Llegaron a Potosí a las dos de la madrugada sin saber qué gran travesía de su vida apenas estaba comenzando.

La flota paró en un surtidor que se encontraba en la entrada de la ciudad Potosí, las calles estaban bloqueadas. Había palos y piedras por todo ello, era imposible que la movilidad pudiera pasar. Los mineros, con su ropa sucia y cascos en la cabeza, se encontraban muy furiosos y no dejaban que nadie entrara a la urbe.

Raquel y todos los pasajeros de la flota bajaron para caminar y buscar alguna movilidad que les llevara hasta Oruro. Esa noche hacía tanto frío, que todos pensaban que en algún momento alguien iba a caer congelado al suelo. No se veía nada, más que unos cerros al fondo y el altiplano, el cielo estaba completamente despejado y podían ver las estrellas con claridad mientras pensaban si iban a encontrar transporte para llegar a su destino.

Llegaron a un campamento minero, había una fogata y muchos obreros calentándose alrededor de ella, también se encontraba un micro y su chofer, el cual aprovechando estos problemas, ofreció sus servicios como transporte hasta la ciudad de Oruro, Raquel y los demás pasajeros accedieron irse en el micro ya que querían salir rápidamente de ese lugar.

Llegaron a Oruro alrededor de las 7:00 de la mañana. Cristina acompañada de su hijo menor esperaba a su hermana en la terminal para ir a comprar toda la mercadería, recorrieron muchos mercados, revisaron cada cosa que compraban y luego la embalaban. Llegada la noche ya todo estaba listo, Raquel acompañada de su hermana y su sobrino regresaron a la terminal para comprar sus pasajes con retorno a sus hogares.

Las vendedoras de pasajes comentaban con toda tranquilidad que todos estos problemas ya estaban pasando, mientras que por la televisión de la terminal, se daba a conocer que la situación estaba empeorando cada vez más. Con el pasaje en mano y arriesgándose de nuevo Raquel subió a la flota, la cual partió con toda normalidad a las 9:00 de la noche.

Todo iba bien hasta que llegaron al mismo campamento del día anterior, nuevamente todos los pasajeros se tuvieron que bajar y caminar, era pleno invierno, los dientes de los caminantes sonaban peor que castañuelas y sus cuerpos temblaban más que la gelatina, paso a paso la gente arrastraba sus pies en busca de algún lugar donde poder alojarse, mientras la flota intentaba pasar.

Como medida de distracción, los caminantes empezaron a contar leyendas de fantasmas de la zona en la que se encontraban, uno de ellos, un señor de contextura obesa, piel muy morena y con ganas de asustar a sus compañeros, decidió contar la historia más escalofriante que se había contado hasta ese momento entre todos los pasajeros.

Se encontraban justo en la boca del socavón del diablo y fue así que el señor comenzó su historia. Contó que en aquella entrada de ese socavón aparecía una mujer semi desnuda, en completo estado de ebriedad, que con sus encantos y su sensualidad embrujaba a los choferes y hacía que se accidenten.

Raquel que no creía mucho en esos cuentos fijó su mirada en la boca del socavón, distinguiendo entre la oscuridad una silueta de una hermosa mujer, de cabello rubio, vestía una minifalda y una blusa totalmente escotada, se encontraba en completo estado de ebriedad, iba y volvía por la entrada del socavón cantando canciones deprimentes.

De repente todos los pasajeros empezaron a escuchar los cantos y gritos de la mujer, nadie podía creer lo que estaban viendo, se pararon a observar a la extraña y sintiéndose la mujer observada se calló y giró su cabeza para ver a quienes la miraban, nadie pudo ver con exactitud su rostro, solo se pudo distinguir en la oscuridad el brillo de unos ojos rojos grandes, sin pensarlo todos comenzaron a correr lo más lejos que pudieron.

Petrificados por el susto llegaron a caer a orto campamento minero, hasta entonces la flota les dio alcance y todos subieron rápidamente, pero esta vez no había como pasar, los mineros totalmente ebrios por el alcohol se resistían a escuchar a los viajeros.

La temperatura era 15º grados bajo cero, fue casi imposible calentarse, Raquel envolviéndose con su mantita intentó descansar un poco.

Raquel se hizo amiga de Renata, una argentina de mediana estatura, la cual a todo momento reclamaba de qué clase de gobierno tiene Bolivia que no solucionaba sus problemas, y le decía a todos que había hablado en La Paz a la embajada Argentina y que le iban a enviar un helicóptero a Potosí para recogerla y llevarla a su país sana y a salvo.

Ya era el tercer día y seguía sin haber solución, los pasajeros ya estaban desesperados, algunos de ellos decidieron dejar la flota e irse caminando, pero como la mayoría eran comerciantes, no se alejaban ni un segundo de dicho transporte por miedo a que les roben su mercadería y sus bolsas de hoja de coca.

Llegó la noche y de un pequeño cerro bajaron unos cuantos mineros para decirles a los pasajeros que suban a apoyarlos, y que si lo hacían, no les iban a hacer daño, que no les iba a faltar alimento y que les iban a dar cuarto intermedio para seguir con su camino pudiendo llegar así a su destino, pero la presencia de los mineros no daban confianza por el estado de ebriedad en el que estaban.

Eran cerca de 2000 movilidades que se encontraban plantadas, muchos de ellos transportando fruta y verduras, las cuales ya estaban comenzando a podrirse. Por todo el camino se veían mineros recostados en el suelo demostrando su huelga y cada 10 metros había una fogata.

Pasando al cuarto día, el problema aún no tenía solución. Campesinos, mineros y pasajeros empezaban a enfermarse por falta de alimentos, agua  e higiene. En un minibús llegaron desde Potosí, unos paramédicos que no contaban con todos los medicamentos necesarios para sanar a las personas. Raquel se hizo revisar, le diagnosticaron que tenía la presión muy baja, y que urgentemente tenía que comer algo.

15 minutos después llegaron noticias hasta la flota de que a un 1km se encontraba un minibús que había llegado desde Potosí para vender comida. Raquel acompañada de una chica de 35 años de edad llevaba del brazo a su anciana, decidieron bajar e ir a buscar al minibús ya que las tres mujeres estaban hambrientas.

Al llegar al minibús las tres señoras se disponían a comprar una deliciosa sopa de arroz con pollo. Los que atendían dentro la movilidad eran dos jóvenes que vestían pollera, con largas trenzas y  tenían una mirada coqueta, al volante se encontraba el chofer, llevaba una chopa azul y a su lado su esposa, llena de joyas y una blusa café, a ambos se les veía preocupados.

Con los platos de sopa en mano, Raquel se dio la vuelta para ver de dónde venían unos gritos, pudo distinguir a lo lejos que se acercaban  los mineros armados con palos, fierros y con los rostros pintados de negro dispuestos a destruir el minibús porque pensaban que esa movilidad estaba sacando a la gente del lugar.

La chica y su madre corrieron a esconderse debajo de un pequeño puente que se encontraba cerca, en cuanto a Raquel la jalaron de la chamarra y la metieron al minibús, los mineros estando ya a un metro, empezaron tirar piedras rompiendo los vidrios, a golpear y abollar a la movilidad, pincharon sus cuatro llantas.

Raquel gritaba con desesperación “¡mis hijos, mis hijos!”, los cuales la esperaban en Tarija, mientras las piedras caían a su alrededor, el chofer a duras penas logró encender su movilidad y por puro milagro logró arrancar y salir de ese infierno, como tenía las llantas pinchadas no podía ir a la velocidad que deseaba, pero logró despistar a los mineros que los siguieron 3 km.

Después de 6 km de recorrido, Raquel pidió que se detengan la movilidad, que            se quería bajar porque ya estaba muy lejos de la flota. Como no se podían abrir las puertas, Raquel salió por el parabrisas que se encontraba totalmente destrozado, saliendo del minibús, cayó al pavimento con fuerza lastimándose su brazo, se levanto sin importarle lo que le pasó.

Corrió hacia la casita de adobe más cercana que encontró, pateó la puerta y entró a la vivienda, cerrando la puerta y volteándose, vio a dos grandes perros negros que la miraban y le enseñaban los dientes con mucha furia, antes de morderla salió del único cuartito que había una anciana  de pollera con una manta en el cuerpo, a calmar a sus animales para evitar un accidente.

Las demás personas que se encontraban en el cuartito salieron al pequeño patio donde se encontraba Raquel, la anciana y los perros. Los residentes acompañaron gentilmente a Raquel hasta donde se encontraba su flota ya que ella tenía mucho miedo ir sola.

Llegó la noche y como todas las demás el frio era insoportable, se escuchan gritos de los mineros, y como tiraban sus dinamitas muy cerca de los vehículos trancados, tal era el miedo de los pasajeros que temían que haya un saqueo y les quiten su mercadería.

A eso de las 11:30 de la noche, llegaron dos motos con dos policías cada una, a la flota donde se encontraba refugiada Raquel, al ver la llegada de los intrusos todos bajaron para ver cuando iba a pasar todo eso. Los oficiales solo habían ido a verificar lo que las noticias locales manifestaban. El fallecimiento de dos niños por infecciones estomacales y los dos mineros por hipotermia.

En eso, 20 minutos después llegaron 4 motos más, en una de ellas se encontraba un coronel acompañado de un policía, en otra el Comandante Nacional, también acompañado por un policía, y en la otras dos un oficial en cada vehículo.

El chofer de la flota entro rápidamente a avisarle a Raquel  que se alistara ya que la llegada de los oficiales era para recoger a Renata, la argentina y llevarla hasta Potosí, que aprovechara la oportunidad de irse con ellos ya que se encontraba muy delicada de salud.

Raquel se subió a una de las motos, en la que solo había un policía, el cual era un joven que no dejaba de temblar, no se sabía si era por el frío o de miedo. Este arrancando velozmente se alejó del grupo, de repente vieron a los lejos unas linternas, se trataba de unos cristianos que amablemente llevaban alimentos y abrigo para la gente se encontraba en pleno bloqueo.

Alejándose aun más, la oscuridad de la noche opacaba la luz de la moto, haciendo que el conductor no pueda ver bien y llegó a impactar contra una piedra, Raquel salió volando y llego a caer debajo de un enorme camión chocándose la cabeza con un fierro, el policía muy asustado corrió a alzarla, pero ella no se quería levantarse, quería morir en ese instante, pero al recordar a sus hijos que se encontraban solos en Tarija se levanto y volvió a subir a la moto.

Justo en ese momento les alcanzaron dos motos más que traían a Renata y a una anciana que también se encontraba muy delicada. De repente llegaron a otro campamento minero, los mineros formando dos filas e hicieron que los policías y sus pasajeros pasaran el momento más terrorífico de sus vidas.

Los mineros acercándose demasiado a las motos, empezaron a insultarlos, Raquel lo único que hizo fue esconder su cabeza detrás de la espalda del policía y sentía como ambos cuerpos temblaban de miedo, aquella fila humana parecía un túnel sin salida, cada vez era peor, los cuerpos de los mineros chocaban las motos, mientras ellos lanzaban golpes a sus inocentes víctimas.

Logrando salir de ese muro de lamentos llegaron a Potosí a eso de las 2:00 de la madrugada, sus calles estaban desechas, habían palos, piedras y fogatas por todo ello, mientras los bloqueadores bebían bebidas alcohólicas y les miraban de forma amenazante.

Mientras Renata peleaba por ver al gobernador para hablar a la embajada Argentina, para que le manden el helicóptero, deseando así ser alojada en un buen hotel,  pero todas sus peticiones eran vanas. Raquel vio un alejamiento, pero su amiga la jaló y la llevo a un hotel, averiguando los precios por noche, la argentina bajó la cabeza porque no podía pagar y de mala gana se fue al  alojamiento con su compañera, solo costaba Bs. 25 la noche.

Esa noche Raquel descansó un poco mejor, pero estaba muy preocupada por su mercadería que dejo en la flota y de cómo la estarían pasando sus amigos, llevándose la mano al pecho juró hacer algo por ellos y dar a conocer la situación en que se encontraban.

Al día siguiente, en la mañana las dos amigas se fueron a la gobernación, Raquel aprovechando que habían muchos medios de comunicación decidió hablar y dar a conocer la situación de sus compañeros en el bloqueo y la muerte de dos niños y dos mineros. El gobernador molesto por esas declaraciones, ya no quiso ayudar a la argentina y las hecho de dicha institución.

Renata se encontraba muy fastidia por la acción de Raquel, la cual por impotencia se largó a llorar. Renata entendiendo que dicha ayuda prometida no iba a ser posible, así que se disculpó con su compañera ya que necesitaba comer y no tenía efectivo.

Caminado por la ciudad totalmente despoblada y paralizada, Raquel y Renata encontraron una flota con unos cuantos pasajeros dispuestos a partir a Tarija, ambas emocionadas subieron a la flota y le pagaron al chofer Bs. 30 por cada una, de esta forma creyeron que ya todo estaba por acabar.

A las 7:00 de la noche llegaron un pueblito donde también había bloqueos, todos los pasajeros tuvieron que bajarse y caminar hasta encontrar otra movilidad, a pesar de eso Raquel se sentía muy feliz de haber salido de Potosí. Finalmente, en aquella misma parada encontraron otra flota que las llevaría sin problemas hasta su destino final, llegaron a Camargo a las 3:00 de la madrugada, donde todos bajaron a estirar las piernas y a comer con el poco dinero que les quedaba.

A la 1:00 de la tarde por fin, después de tanto sufrimiento, Raquel llega a Tarija sana y a salvo, cuando llego a terminal llamo a sus amigos que se encontraban en los bloqueos de Potosí, para saber cómo estaban y contarles que ella ya había llegado a su vallecito, recibiendo los halagos de sus compañeros por el coraje que tubo al enfrentar aquella situación, por haber declarado en televisión el sufrimiento de sus compañeros y de haber aguantado tanto dolor. Raquel se fue muy feliz a su casa a ver a sus hijos acompañada de su amiga Renata.  

Raquel llegó su casa a la 1:30 de la tarde con su amiga, estaba toda sucia, golpeada y moreteada, pero eso no hiso que no recibiera el abrazo de sus hijos que angustiados la habían estado esperando desde el día en que se fue.

Renata regresó a su país, Argentina, muy agradecida por que Raquel la había cuidado todo el camino, pero a la vez triste porque perdió su equipaje, en cuanto a flotas todas llegaron una semana después totalmente destrozadas, pero con la mercadería y equipaje intactos.
 

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