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Aquella epopeya del 63

2013-05-23

Por Mario D. Ríos Gastelú

Cuando lanzamos la mirada a un ayer otoñal,  todo vuelve a revivir en el colorido de aquellos años en que  la ensoñación todo lo hacía posible.

Lo dicho es corolario de mi reciente lectura de un libro singular, dicho así, por la escasa literatura que en el género deportivo tenemos. Se trata de la obra editada por Mario Vargas Rodríguez, el consagrado Cucho de los relatos y comentarios deportivos, quien entregó su obra impresa a cientos de aficionados al fútbol.

Cincuenta Años de la Epopeya, así llamado el lujoso libro, nos acerca a vivencias indelebles enmarcadas en la emoción encendida de aquellos días de vítores, de cantos y abrazos, porque el plantel boliviano logró el título de Campeón Sudamericano de Fútbol.

Era el año 1963 cuando se disputó aquel certamen en los estadios de La Paz y Cochabamba. En las páginas del libro parece escucharse la ovación del público. En ellas retornan titulares de la prensa y ecos de relatos difundidos por  radio. Cada hoja escrita o ilustrada con fotografías de entonces, aviva la memoria haciendo posible un diálogo con los protagonistas, así ya no estén entre nosotros, pues la memoria retiene las palabras que nos dijeron, los gestos que captamos, las manos que estrechamos. Los nombres de aquellos  triunfadores no se borraron. Si hubo mayor admiración por alguno de ellos, todo homenaje hizo posible  lograr la unidad en el respeto colectivo.

El libro nos acerca al 63 calendario, donde Cucho figura en la primera fotografía junto a su ídolo, el inolvidable Agustín Ugarte, como también resaltan imágenes  de cronistas del deporte: Tito de la Viña, Luis Lazarte, Miguel Velarde, Luis Barriga, Hugo “Flash” Jordán, Lucio Flores, entre otros. Centenares de fotos de los campeones hacen más amena la lectura ilustrada con momentos memorables de los encuentros disputados: La sonrisa de Alcócer, el gesto de Blacutt, la mirada de Espinoza, la serenidad de Herbas, la interrogante de Aguirre y los rostros  huraños de García, Álvarez, Aramayo y los demás “craks”.

Columnas con firmas de ayer y de hoy en el recuento de los triunfos. El excelente humor de Paulovich y las confesiones de Ninón Dávalos, la figura del arte teatral, dan un respiro en la lectura, sacándonos de la frialdad de los números. Son muchas las opiniones, las estadísticas, los nombres de adversarios en la cancha, los dirigentes ejemplares como Eduardo Sáenz García; todo engruesa las casi cien hojas de esta antología futbolera.

Pero hay algo más y lo digo en tono personal, no exento de nostalgia sin humedad en el rostro: Cucho y yo comenzamos nuestra vida periodística desde los umbrales del colegio, porque apretados en graderías improvisadas, él relataba imaginarios encuentros de fútbol, que yo los comentaba. Lejos de las aulas lasallista, emprendimos el reto en los micrófonos de Radio Illimani; allí el relato era verdadero como era mi opinión. Seguimos nuestra actividad en las columnas de La Nación y soportamos los cambios que se daban en la radiofonía. Trabajamos a leña, no con los recursos de hoy. Logramos nuestro cometido hasta que los circunstancias nos llevo por caminos distintos. El siguió la ruta de los   cultores del músculo; yo emprendí la senda cultivada por el  arte.

No habría querido hacer dicha referencia, la culpa la tiene el libro que incluye un comentario de mi autoría y una foto junto al autor de Cincuenta Años de la Epopeya, en aquella época en que soñar no costaba nada.

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